Un joven se despierta un día para ir a su trabajo, rutinantemente vacuo de contenido, que lo llena de nada. Prepara su bolso se fija que no falte nada, dinero, tarjetas, direcciones, etc. El se encuentra cansado, todo le parece que esta mal porque ve que los otros están bien, o por lo menos es lo que cree él. Así es que como a diario toma la calle, esa que tan bien conoce y se va. Para él es un día más, no tiene porque cambiar porque no parece tener ¿un poco de suerte?, y la misma es azarosa con quien ella quiera está, eso se ve. Va pateando chapitas de cerveza, de una noche agitada al parecer, un par de amantes fugaces en una esquina se besan apasionadamente, un joven que vomita su vergüenza, la locura que tiñe la mañana y así sigue su camino, hasta que al cruzar una esquina, una niñita con carita sucia y pelos enmarañados le ofrece una tarjeta, de esas que tienen ositos y caritas con los ojos bien grandes y lastimosos, él en principio no la recibe, pero la nenita insiste y le pide lo que le pueda dar… y acepta. No sabe por que lo hizo o sí, ¿el compromiso moral?, tal vez; quizá quería que se fuera rápido, y así lo dejara de molestar; o simplemente le molestaba el ruido de las monedas al caminar. Y así sigue caminado hasta la parada del autobús.
Otra joven hace un proceso parecido se levanta se lava la cara, los dientes, y así. Se siente triste, hace tiempo que lo está, aunque no lo parece, su catarsis es la felicidad al parecer inocua que la llena de ¿nada?, o al parecer la sustenta en su padecer. Esta apurada, se despertó tarde y la apremia la puntualidad que al parecer no es su fuerte, se fija que no falten cosas en su cartera, llena de cosas que ni ella sabe que están allí. Se peina se mira al espejo, se da vueltas. Se pone los aros se mira al espejo, se da vueltas. Se perfuma y así, ellas deben lucir siempre esplendidas. Casi siempre toma el autobús 90, pero como se le hace tarde camina un par de cuadras hasta la plaza y entonces como opción pueda tomar el 93 también, sin saberlo el joven que ya estaba en la parada la ve llegar.
No lo puede creer, le parece la mujer más linda del mundo, son más fuerte sus ansias que su premura lo obliga a no decir NADA. Obligado por sabe Dios que, siente que debe decir algo ¿pero que?, no sabe. De repente recuerda aquella tarjetita que le compró de malas ganas, tal vez, a esa nenita. La joven tiene carita desesperanzada, las cejas levantadas, y los ojitos brillantes, como el osito de la tarjeta, el joven la mira le hace un visaje y le entrega la tarjeta, la joven se encuentra absorta y ríe, la recibe; no sabe que expresar o sin darse cuenta se decían todo a la vez, el joven entonces le da un beso para luego tomarle la mano y ver pasar la mañana mirándose a los ojos.
Uno nunca sabrá si es producto del destino que en su albur ve como se conjuga de modo irrevererente el devenir de dos vidas, o es un producto casual y circunstancial, en un momento justo en ese instante exacto que debía de estar uno y llegar el otro
,...tal vez
,...en una de esas
,..todo da igual.
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