miércoles 8 de octubre de 2008

pequeña semblanza de un alma solitaria (en el horizonte ve figuras danzar...y luego desaparecer)

Atrapado por las desidias de sus actos que no lo dejaban dormir él se sentó en la orilla de su cama, el silencio, la oscuridad, la tenue capa que cubre los helados riscos de la soledad, el calor solo se lo da la tenue braza de un cigarrillo mal armado, quizá sea esa la lumbre, el faro que tanto buscaba, ahí cuando las nubes negras caían en un cielo de esas tardes de verano. En una bocanada deja escapar un suspiro, como aquellos que solían escabullirse…cuando había una boca que los contenga, el profundo mar de unos ojos que lo ahogaban,…pequeñas frases que podían decir todo,”si podes dármelo puedo tomarlo…”; una pequeña venganza de esas noches de valorar lo intrascendente, lo mundano era un tizne que no salía muy fácil, se ve.
El cielo se dibuja en un techo que deja ver un anochecer de invierno que cae sin estrellas, un barco de tontos pronto a zarpar pero sin pañuelos, sin besos, no hay “goodbye”, si tan solo hubiese podido hablar un poco mientras el miedo cosía un doblez en su boca en lugar de dejarla escapar.
El ruido de hojas secas pisadas al andar no será escuchado, lo deja para otra vida, para otro sol quizá, cuando sus almas sean dos gatos y caminen con la noche de compañía, allá en el horizonte ve figuras danzar como en el desierto y luego desaparecer.
Adiós amor, lo dice con la clara conciencia que nadie escucha, la braza ya es ceniza hace rato lo único que todavía se quema es un secreto…que arde bien dentro suyo… mientras le quita la respiración.

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